Para que la igualdad de género sea el motor de nuestra alianza, debemos pasar de las palabras a los hechos compartiendo las herramientas que realmente funcionan en el día a día rural. Una acción muy potente es unificar nuestras agendas de expertas y emprendedoras, creando un catálogo conjunto que asegure que en cualquier foro, feria de turismo o mesa de decisión siempre haya mujeres de nuestras asociaciones representándonos, evitando que otros hablen por nosotras. También es vital gestionar de forma compartida puntos de asesoramiento técnico, donde una asociación pueda aportar formación en brecha digital y la otra conocimientos sobre titularidad compartida o emprendimiento, logrando que cualquier mujer de nuestros pueblos reciba una atención integral sin importar a qué sigla pertenezca. Además, tenemos que actuar como un solo bloque ante las instituciones para exigir que las ayudas al desarrollo rural tengan cláusulas de género reales, porque la administración solo reacciona cuando ve a la sociedad civil unida y organizada con una sola voz.
Como primer paso práctico, propongo celebrar una jornada de "intercambio de buenas prácticas" donde cada entidad presente un proyecto de igualdad que le haya funcionado bien. El objetivo es que la otra asociación pueda "copiarlo" y adaptarlo a su zona de influencia, ahorrando costes y multiplicando el impacto de nuestras acciones en favor de las mujeres rurales.